
Fecha: Del 15 de mayo al 1 de julio de 2026
Lugar: Centre del Carme. Sala Ferreres.
Comisario: Alejandro Villar Torres
La exposición Genealogies del territori se articula como un recorrido a través de un paisaje en transformación, reuniendo la obra de 60 artistas cuyos estudios se han visto directamente afectados por la DANA. Lejos de plantearse como un relato centrado en la catástrofe, la muestra se presenta como un umbral desde el cual el territorio se revela en toda su complejidad: como una estratificación de memorias, una sedimentación de experiencias y un entramado de relaciones materiales, culturales y emocionales.
En este contexto, el territorio deja de entenderse únicamente como un paisaje de fondo para afirmarse como una estructura activa y viva, donde la tierra, el agua y los sedimentos actúan como fuerzas capaces de transformar, desbordar y redefinir continuamente los límites entre lo humano y lo ambiental.
A través de una pluralidad de lenguajes artísticos, la exposición propone un itinerario que transita entre lo onírico y lo material, entre lo físico y lo espiritual. El recorrido se fragmenta en distintas líneas discursivas Tierra y sueño, Sedimentos de la memoria, Paisaje: una forma de habitar, La belleza que aún podemos soportar y La luz y el silencio que invitan al espectador, desde una reflexión artística sobre el impacto humano en el entorno, a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza y sobre la manera en que el paisaje guarda las huellas del tiempo, de la memoria y de la acción humana.
Posidonia: vídeo y escultura
Mi participación en esta muestra consiste en la presentación del vídeo Posidonia, acompañado de una escultura de pared que también hace referencia a esta planta marina ancestral. Ambas piezas establecen un diálogo entre imagen, materia y sonido, proponiendo una experiencia sensorial y contemplativa que invita a reflexionar sobre la fragilidad de los ecosistemas naturales y la profunda conexión entre el ser humano y su entorno.
La Posidonia oceánica, planta acuática endémica del mar Mediterráneo, es considerada uno de los organismos más longevos del planeta, con ejemplares que superan los 100.000 años de antigüedad. Este organismo ancestral desempeña un papel esencial en el equilibrio ecológico del Mediterráneo. No solo constituye una extraordinaria fuente de producción de oxígeno, sino que además posee una enorme capacidad de absorción de dióxido de carbono, contribuyendo de forma decisiva a la regulación climática y a la preservación de la biodiversidad marina. Sus praderas submarinas protegen las costas de la erosión, estabilizan los sedimentos y sirven de refugio y alimento para innumerables especies marinas.
Sin embargo, pese a su importancia vital, la Posidonia se encuentra actualmente amenazada por el impacto de las actividades humanas: la contaminación, el fondeo incontrolado de embarcaciones, el turismo masivo, la urbanización costera y el aumento de la temperatura del mar ponen en peligro la supervivencia de este ecosistema único. La desaparición de la Posidonia no solo supondría una pérdida irreparable para el Mediterráneo, sino también para el equilibrio ambiental global. Por ello, mi obra nace también de la necesidad de generar conciencia sobre la urgencia de proteger y preservar esta planta antes de que su deterioro sea irreversible.
Tiempo suspendido y respiración
Tanto el vídeo como la escultura se construyen desde la idea de un tiempo suspendido y primitivo. La Posidonia encarna una temporalidad ajena al ritmo en el que hoy habita nuestra especie: un tiempo lento, silencioso y casi inmóvil, que atraviesa siglos y generaciones. A través de movimientos pausados y de una estética contemplativa, busco transmitir al espectador la sensación de una existencia ancestral que resiste y permanece más allá del ritmo acelerado del presente.
El sonido desempeña también un papel fundamental en la obra. En alusión a la extraordinaria capacidad de la Posidonia para producir oxígeno y sostener la vida, he incorporado el sonido de nuestra propia respiración bajo el agua. Este recurso sonoro establece una conexión directa entre el cuerpo humano y el ecosistema marino, convirtiéndose además en una reflexión artística sobre el impacto humano en el entorno, recordándonos que nuestra existencia depende profundamente de estos equilibrios naturales muchas veces invisibles.
La respiración se convierte así en un elemento simbólico que invita a reconectar con lo esencial, con aquello que sostiene silenciosamente la vida y que, sin embargo, con frecuencia olvidamos o destruimos.
Forma orgánica y contemplación
La escultura, por su parte, explora la interacción entre lo orgánico y lo fluido, entre el movimiento y la quietud, entre lo primitivo y lo visceral. Las formas evocan el movimiento de la Posidonia bajo el mar, estableciendo una relación directa con el paisaje submarino y con los procesos naturales de crecimiento, erosión y cambio. Estos conceptos, presentes tanto en mi obra pictórica como en la escultórica, se entrelazan para construir una experiencia inmersiva que apela tanto a la percepción física como a la emocional.
En este sentido, la obra no pretende únicamente representar la naturaleza, sino generar un espacio de reflexión sobre nuestra relación con ella. A través de la contemplación, el silencio y la lentitud, Posidonia propone una pausa frente a la velocidad y el exceso de estímulos contemporáneos. La pieza busca despertar una conciencia más profunda sobre la continuidad y la fragilidad de lo natural, así como sobre el impacto directo que nuestras acciones tienen en el paisaje y en los ecosistemas que habitamos.
Territorio, memoria y resistencia
Dentro del contexto de Genealogies del territori, mi trabajo dialoga con la idea del territorio entendido no solo como espacio físico, sino también como archivo de memoria y organismo vivo. La Posidonia se convierte así en símbolo de resistencia, permanencia y vulnerabilidad. Su presencia silenciosa bajo el mar nos recuerda la existencia de formas de vida ancestrales de las que dependemos y que, pese a su aparente fragilidad, sostienen el equilibrio del mundo que habitamos.
En definitiva, tanto el vídeo como la escultura plantean una reflexión artística sobre el impacto humano en el entorno y sobre la necesidad urgente de replantear nuestra relación con la naturaleza. A través de una experiencia sensorial y contemplativa, la obra invita al espectador a detenerse, escuchar y reconectar con aquello que permanece oculto bajo la superficie, pero que resulta esencial para la continuidad de la vida.